Dos días…

Me gusta la fotografía porque gracias a ella puedo volver a los momentos que me gustan cada vez que quiero, porque gracias a ella tengo una cajita llena de pequeños tesoros llamados «memoria» que a penas ocupan espacio y sobre todo porque me ayuda a comprender la variedad de experiencias maravillosas que pueden suceder en tan solo dos días…
Que un día puede empezar llevando a tu hija a un partido, sonreír al llegar porque una de sus amigas se ha llevado a su perrito vestido con la camiseta del equipo y que está allí tan tranquilo observando mientras juegan, que mientras que ella juega tú puedes pasar una mañana en un huerto, que es una escuela de pintura, donde trabajas los sábados rodeada de naturaleza y jóvenes artistas, que un árbol, que siempre estaba ahí, tiene unas bolitas que nunca habías visto, o si, pero que hoy las ves mejor, que una hoja caída puede convertirse en paleta de pintor, que puedes ser participe de una visita sorpresa y ser testigo de abrazos acompañados de lágrimas contentas, que puedes celebrar tres cumpleaños a la vez de los Sagitarios de la familia, que montas una mesita con tus papeles y detalles de colores para participar en unas jornadas de puertas abiertas de un hotel precioso, que te encuentras allí con novios ilusionados y amigas de toda la vida, que al día siguiente acompañas a Sazed a Valencia para que transmita su sabiduría sobre música clásica India a la gente tan especial de AVAMUN, que te pierdes por las calles de una ciudad que desde el primer día te enamoró, que caminas , caminas y caminas y te encuentras con el arte de la calle y de los artistas a los que, cuando la ciudad te enamoró, también te gustaban, que tienes la gran suerte de encontrarte allí en el IVAM con uno de ellos,que preguntas a un vigilante si puedes hacer fotos , te dice que si y luego te riñe porque te salen demasiado bonitas, que pasas un poquito de vergüenza cada vez que quieres hacerte fotos a ti misma (porque vas sola), con el móvil sonriendo, al lado de los cuadros que te gustan en medio de tanta gente, que vuelves para comer con Sazed Ul Alam y Pequeño Iván y que mientras ellos siguen con la música vuelves a perderte esta vez en compañía de la amiga más bonita del mundo, que vemos un mercado que en la fachada tiene relieves de futura comida, que te tomas un chocolate caliente buenísimo y mandas un cumpleaños feliz, gracias otra vez a la cámara de tu móvil, por Whatsapp…y que después de darle al «enviar» suena, esta vez, un cumpleaños cantado a una señora mayor que llora de emoción, en la mesa de al lado, al ser sorprendida por sus familiares y amigos con una merienda y a la que Mónica, más graciosa que todas las cosas, le da la servilleta que acababa de dibujar con la palabra «feliz» y el dibujo «tarta con velas» para enviar por whatsapp ♥

Dolça

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